Gracias por no piropearme

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Entiendo que es complicado cambiar hábitos en una sociedad donde a todos y a todas, hombres y mujeres, se nos enseña desde pequeños a tener un rol desde que nacemos. Los hombres son los que tienen éxito por sus méritos profesionales mientras que para las mujeres nuestro primer éxito es ser bellas y somos juzgadas por nuestro físico de manera continua desde que nacemos. Sé que muchos hombres no tienen mala intención diciendo un piropo por la calle y se consideran respetuosos por el contenido de los mismos, pero, si lo analizamos más a fondo, es una manera de enfatizar el rol aprendido por todos. El piropo solo es un halago si lo dice una persona con un lazo afectivo, de lo contrario es molesto y un abuso. Entiendo también que muchos hombres se verán reflejados aquí y se sientan confusos. Mi intención no es culparos personalmente (entiendo que es lo que la sociedad nos enseña a diario) sino intentar daros otra perspectiva, para que podáis decidir en el futuro, con una visión más amplia, si piropear abiertamente por la calle o no hacerlo.

Por supuesto, en vuestra encuesta personal por dar respuesta a este dilema, habrá mujeres que te dirán que no les importa ser piropeadas por desconocidos  y que se sienten halagadas. Que no sea una excusa para vosotros. Esto es lo que nos han enseñados a todas desde pequeñas: a sentirnos halagadas por una alabanza a nuestro físico, algo que se supone nuestro mayor mérito.

Si he de ser sincera, resulta una gran carga estar expuesta continuamente a que un hombre desconocido comente cualquier parte de mi fisco en cualquier momento y en cualquier lugar, de manera socialmente aceptada, porque perpetua esa idea arcaica de que las mujeres estamos en este mundo para deleite de los hombres. Y es una idea que creo firmemente que deberíamos romper para siempre. Hombres y mujeres.

Algunos dirán: ¿y si una mujer lanza un piropo a un hombre? ¿Acaso es diferente? Sí, lo es. Porque la realidad es que un hombre no es juzgado continuamente por su físico, sino por otro tipo de méritos. Sólo tenemos que analizar nuestro papel a lo largo de la Historia. Hace no mucho tiempo éramos consideradas objetos de pertenencia para los hombres, con menos voluntad, personas de segunda clase, donde nuestro papel social era ser cuidadoras de los hombres y madres de sus hijos.  Hasta 1981, en España, las mujeres debían pedir permiso a su marido para poder trabajar, cobrar su salario, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos, sacar su pasaporte, el carné de conducir, etc.

Es muy difícil cambiar estas ideas tan enraizadas socialmente en tan poco tiempo, y sólo podemos hacerlo a través de la crítica y la reflexión personal. Así que os animo, hombres del mundo, a que hagáis una reflexión al respecto y os pongáis en nuestro lugar. Pensad si ése es el mundo que queréis para vuestras hijas, madres, hermanas o amigas, y, aunque os equivocarais en el pasado, pensad que son vuestras pequeñas actuaciones diarias del presente y del futuro las que cambiarán el mundo en el que vivimos. Un mundo más igualitario para todos y para todas. Gracias por no piropearme.

Llamamiento a la rebeldía

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Me llama la atención, en estos tiempos que corren, el creciente halago a la equidistancia ideológica en cualquier tema, sea el que sea, mientras se demoniza fervientemente la rebeldía y la crítica al poder bajo el nombre de “radicalidad”. Ese “centro” que en la política actual tanto convence al electorado y que no es más que una sarta de injusticias disfrazadas de lo “políticamente correcto”. Ese oportunismo hijo de puta. Esa simplicidad mental, fomentada por los medios de comunicación, que lleva a la ciudadanía a no preguntarse nada porque igual molesta a alguien.
Me llama la atención porque resulta que es justamente esa rebeldía la que ha conseguido que avancemos hacia una sociedad más justa a lo largo de la Historia. Porque ¿no fueron aquellas mujeres que se rebelaron ante la injusticia de que la mujer no pudiera votar legalmente las que consiguieron el voto femenino? ¿No fueron aquellos que lucharon contra la segregación y discriminación racial en Estados Unidos los que consiguieron los mismos derechos para blancos y negros cuando legalmente no los tenían? ¿No fueron los partidarios de Nelson Mandela los que consiguieron acabar con el Apartheid en Sudáfrica? Me gustaría saber dónde estaban todas aquellas personas que callaban ante tales injusticias porque a ellos no les afectaba directamente, o porque les restaban privilegios personales, o porque era su trabajo secundarlos, y ahora hacen bandera de los logros obtenidos. ¿Acaso somos nosotros? Igual ha llegado el momento de que seamos valientes, denunciemos, busquemos la justicia para todos y todas, no sólo para unos pocos, generemos preguntas y debate más allá de lo que nos generan los medios de comunicación, de que nos cuestionemos porqué estamos siempre del lado del más fuerte, hagamos autocrítica aunque nos duela. Seamos incorrectos y rebeldes. No serlo sólo nos lleva al estancamiento, a la injusticia y a la mediocridad social.